martes, 17 de marzo de 2009

3- EL SUBLIME SANTUARIO
En el pasado las naciones adoraban como maravillas al Coloso de Rodas, los Jardines
Colgantes de Babilonia, la Tumba de Mausolo; y hoy no hay quien escape al asombro
ante las sorprendentes obras de la ingeniería moderna, como la Catedral de Milán, la
Torre Eiffel o los rascacielos de Nueva York.
Mientras tanto, escasos estudiosos se acuerdan de los prodigios del cuerpo humano, una
paciente realización de la Sabiduría Divina a través de los milenios, y templo del alma
que está en temporal aprendizaje en la Tierra.
Por más que se agigante nuestra inteligencia, hasta ahora no hemos conseguido explicar
en toda su grandiosa complejidad el milagro del cerebro, con el coeficiente de billones
de células; el aparato eléctrico del sistema nervioso, con los ganglios que actúan como
interruptores y las células sensibles como receptores en un circuito especializado; con
las neuronas sensitivas, motoras e intermediarias que contribuyen a graduar las
impresiones necesarias al progreso de la mente encarnada, y que dan paso a la corriente
nerviosa con una velocidad aproximada de 70 Metros por segundo; la cámara ocular
donde las imágenes viajan desde la retina hasta las profundidades del cerebro, en cuya
intimidad se incorporan a las pantallas de la memoria como patrimonio inalienable del
espíritu; el parque de la audición, con sus complicados recursos para registrar los
sonidos y fijarlos en las profundidades del alma, que selecciona ruidos y palabras y los
define y cataloga en la posición y en el concepto que les corresponde; el centro del
habla; la sede milagrosa del gusto en las papilas linguales, con un potencial de
corpúsculos gustativos que superan el número de 2.000; las admirables revelaciones del
esqueleto óseo, las fibras musculares, el aparato digestivo, el tubo intestinal, el motor
del corazón, la fábrica de jugos del hígado, el vaso de fermentos del páncreas, el
fantástico sistema sanguíneo con sus millones de vidas microscópicas y sus vigorosas
arterias, que soportan una presión equivalente a varias atmósferas; el avanzado
laboratorio de los pulmones, el precioso servicio de selección de los riñones, la
epidermis con sus secretos difícilmente abordables, los órganos venerables de la
actividad genésica y los sustentos eléctricos y magnéticos de las glándulas en el sistema
endocrino.
Sobre la Tierra tenemos, en el cuerpo humano, el más sublime de los santuarios y una
de las más grandes maravillas de la Obra Divina.
Desde la cabeza hasta los pies percibimos en él la gloria del Supremo Idealizador, que
poco a poco en el transcurso incesante de miles de años organizó para el espíritu en
desarrollo, el domicilio de la carne en el que el alma se manifiesta. Es una magnífica
ciudad estructurada con vidas microscópicas, casi inmensurables, por medio de la cual
la mente se desenvuelve y purifica, mientras se entrena en las luchas habituales y en los
servicios regulares del mundo, para importantes cometidos en los círculos superiores.
Aunque sea mutilado o deforme, un cuerpo constituye una bendición, porque nos da en
la Tierra, una preciosa oportunidad de perfeccionarnos espiritualmente. En realidad, el
cuerpo es el mayor de los presentes que nuestro Planeta puede ofrecernos.
Hasta ahora, de un modo general, el hombre no ha sabido colaborar en la preservación y
sublimación del castillo físico. Mientras es joven dilapida sus posibilidades y las
desperdicia inopinadamente, desde afuera hacia adentro, y tan pronto ve que se ha
perjudicado a sí mismo o que ha envejecido prematuramente, se entrega a la
insurrección y lo destruye a golpes mentales de rebeldía injustificable e inútil
desesperación, desde adentro hacia afuera.
Sin embargo, llega el día en que el hombre reconoce la importancia del templo vivo en
el que habita en este mundo, y suplica retornar a él cual un trabajador, que ávido de
renovación necesita el instrumento adecuado, a fin de conquistar el bendito salario del
progreso moral para la anhelada ascensión a las Esferas Divina.
4- EN
4- EN LA SENDA EVOLUTIVA
¿Cuántos miles de años necesitó la Naturaleza Divina para conformar la máquina física
con la cual lamente humana se expresa sobre la Tierra?
El cuerpo es para el hombre un verdadero santuario de manifestación, obra maestra del
trabajo selectivo de todos los reinos en los que se subdivide la vida del planeta.
De igual modo, ¿cuánto tiempo empleará la Celeste Sabiduría para estructurar el
organismo del alma?
Desde la sensación a la excitabilidad, desde la excitabilidad al instinto, del instinto a la
inteligencia y de la inteligencia al razonamiento, han transcurrido, incesantes, siglos y
siglos.
La evolución es fruto del tiempo infinito.
La muerte de la forma somática no modifica de inmediato, al Espíritu que ha
usufructuado su colaboración.
Cuna y tumba son simplemente límites entre una y otra condición.
De manera que para las conciencias primarias, el desprendimiento de la envoltura
corporal es algo así como la entrada en un período de hibernación. Aves sin alas no
pueden ganar altura. Aguardan el momento de un nuevo regreso al nido carnal para
obtener los recursos que les permitan realizar grandes vuelos. A la manera de crisálidas
espirituales, se inmovilizan en el aspecto exterior con el que se presentan, pero
conservan en lo íntimo las imágenes de todas las experiencias almacenadas en las
profundidades de su ser, reviviéndolas en forma de pesadillas y sueños y registrando en
la mente las necesidades de educación o reparación con las que deberán comparecer en
el escenario de la carne, cuando llegue el momento oportuno.
Para tales inteligencias, la muerte es como una parada obligatoria, por cierto tiempo,
frente a los escalones más altos de la escala evolutiva que todavía no están preparadas
para trasponer. Por carecer de los instrumentos de manifestación, a los que necesitan
desarrollar y consolidar, mientras están en la erraticidad esas mentes sufren
considerables alteraciones de la memoria. Casi siempre se quedan detenidas en los
acontecimientos vividos y de alguna manera pierden temporalmente la noción del
tiempo. De ese modo, se mantienen aferradas a pasiones y acontecimientos del pasado
que les pertenece, y cuando renacen en la arena de la lucha material, con las
características del cuadro moral en el que se encuentran, al desbaratar equivocaciones y
corregir fallas, van edificando poco a poco las cualidades sublimes con las que se
transportarán a las Esferas Más Altas.
Es por eso que los Espíritus transgresores resurgen en las corrientes de la vida física,
reproduciendo en su patrimonio congénito las deficiencias que han contraído ante la
Ley.
El malhechor guardará consigo prolongado remordimiento por haber desviado el curso
del bien y por haber impuesto, en consecuencia, un lamentable retraso a su avance
espiritual. Con tal perturbación, retendrá en su alma gran cantidad de imágenes que se
debatirán en su mente, e inhibirán por tiempo indefinido, el acceso de elementos
renovadores al campo del propio "yo".
Una vez purificado el vaso íntimo del sentimiento, renacerá en el paisaje de
las formas
con el defecto adquirido a través de la larga convivencia con la desesperación, con el
arrepentimiento, o con la desilusión, para devolver el equilibrio al cuerpo periespiritual
mediante un laborioso esfuerzo regenerador dentro de la esfera carnal.
Los defectos de nacimiento y los trastornos inexplicables, constituyen resultados
transitorios de los perjuicios que individualmente hemos causado a la armoniosa
corriente de la evolución.
Los cuerpos voluminosos de los astros se organizan átomo a átomo, y de pequeña
experiencia en pequeña experiencia repetidas hasta el infinito, se amplía el poder de
nuestra mente y se subliman las manifestaciones de nuestra alma, que en el transcurso
de las eras inconmensurables aumenta en conocimientos y se perfecciona en virtudes,
mientras estructura, pacientemente, en el seno del espacio y del tiempo, el vehículo
glorioso con el que ascenderemos un día a los imperios deslumbrantes de la Belleza
Inmortal.
5- EN LOS CÍRCULOS DE LA MATERIA
A medida que supera los acontecimientos vulgares que signan su trajinar en la carne, el
Espíritu se reconoce en la condición de internado dentro de los círculos de la materia,
que a la vez constituyen sencillamente, el conjunto de las vidas que puede ser
examinado por nuestra capacidad de apreciación.
En sus múltiples estados, la materia es energía condensada dentro de extensas fajas
dinámicas, que conserva la identidad mental de los diferentes tipos por los que transitó
en su largo derrotero evolutivo.
Cuerpos sólidos, líquidos, gaseosos, fluidos densos y radiantes, energías sutiles, rayos
de variadas especies y poderes ocultos, tejen la red dentro de la cual nuestra conciencia
se desenvuelve para expandirse hacia la gloriosa inmortalidad.
Dentro del gran imperio de las existencias microscópicas, el hombre es un genio divino
en proceso de perfeccionamiento o un ángel por nacer, y en ese ámbito es esclavo
natural de los ordenamientos superiores y legítimo amo de las potencias menores.
En torno de él todo es movimiento, transformación y renovación. En el seno multiforme
de la naturaleza en el que se agita, todo se modifica al embate turbulento de las energías
que favorecen su experiencia y ascensión.
A pesar del orden reinante entre los elementos infrainfinitesimales, todo allí se deshace
y rehace sin cesar, ofreciendo al Espíritu fases importantes de materialización y
desmaterialización, dentro de las leyes sistemáticas que funcionan en igualdad de
condiciones para todos.
Pero más allá de los elementos químicos analizados entre el hidrógeno y el uranio, que
se agrupan en el Planeta mediante infinitas combinaciones, yacen las líneas de fuerza
del mundo subatómico que son generadas por los potenciales eléctricos y magnéticos
que rigen todos los fenómenos de la vida. Y detrás de esas líneas positivas, neutras o
negativas que constituyen la materia, verdadero conglomerado de sistemas solares
microscópicos y de nebulosas infinitesimales, permanece el pensamiento que todo lo
crea, renueva y destruye para volver a construir.
La energía mental es el fermento vivo que improvisa, altera, constriñe, dilata, asimila,
desasimila, integra, pulveriza o recompone la materia en cualquier dimensión.
Por eso mismo somos lo que determinamos, poseemos lo que deseamos, estamos donde
preferimos y encontramos la victoria, la derrota o el estancamiento, según imaginamos.
La historia de la Creación, en el libro de Moisés, al concebir al Señor ante el abismo,
simboliza la fuerza de la mente ante el cosmos.
"Hágase la luz -determinó la Divina Voluntad y la luz se hizo sobre las tinieblas".
De igual forma, nosotros proclamamos cada día, con ideas, actitudes, palabras y actos:
"¡Hágase el destino!". Y la vida nos proporciona aquello que le reclamamos.
Los acontecimientos obedecen a nuestras intenciones o provocaciones, sean manifiestas
u ocultas.
Habremos de encontrar lo que merecemos, porque merecemos lo que buscamos.
La existencia será pues, para nosotros, en cualquier parte, invariablemente según pensamos.
6- EL PERIESPIRITU
¿Cómo será el tejido sutil del ropaje espiritual que el hombre vestirá, una vez despojado
del cuerpo de carne, más allá de la muerte?
Tan arriesgada es la tentativa de dar información sobre este tema a los compañeros
encarnados, como difícil resultaría ilustrar a la oruga con respecto a lo que será ella
después de
vencer la resistencia de la crisálida.
Adherido al suelo o al follaje, mientras se arrastra pesadamente, el insecto no sospecha
que transporta consigo los embriones de sus alas.
El periespíritu es además un organismo que constituye para el hombre, el molde
fundamental de la existencia, que subsiste más allá del sepulcro y permanece en la
región que le corresponde de acuerdo con su peso específico.
Formado con sustancias químicas que trascienden la serie estequiogenetica conocida
hasta ahora por la ciencia terrena, es un andamiaje de materia rarificada que se altera de
acuerdo con el padrón vibratorio del campo interno.
Delicado organismo, con extrema plasticidad, se modifica bajo el poder del
pensamiento. Sin embargo, es necesario destacar que dicho poder existe solo donde
predominan la habilidad y la aptitud, que únicamente la experiencia puede conferir.
En las mentes primitivas, ignorantes y ociosas, semejante vestidura se caracteriza por la
apariencia viscosa, y constituye una verdadera prolongación del cuerpo físico, todavía
animalizado o enfermizo.
El progreso mental es el medio más importante para la renovación del equipo
periespiritual, en cualquier plano de evolución.
Téngase en cuenta, sin embargo, que no nos referimos aquí al perfeccionamiento moral.
El desarrollo intelectual, que proporciona importante capacidad de acción, puede
pertenecer a mentes perversas.
De allí la razón de que encontremos en gran número, compactas y abundantes falanges
de entidades liberadas de los lazos fisiológicos, que actúan en los círculos de la
perturbación y la crueldad, con admirables recursos para modificar la apariencia con la
que se manifiestan.
No tienen condiciones para una mejoría inmediata, pero disponen de elementos que les
permiten ejercer dominio en el ambiente en el que se encuentran.
En la conquista de la propia sublimación no han adquirido aún la verticalidad del Amor
que se eleva hasta los santuarios divinos, pero ya se han iniciado en la horizontalidad de
la Ciencia, con la que influyen sobre aquellos que de algún modo, comparten su
posición espiritual.
Los "ángeles caídos" no son más que grandes genios intelectualizados, pero con escasa
capacidad para experimentar un sentimiento.
Exaltados, conservan la facultad de cambiar la expresión que los caracteriza, mientras
ejercen la fascinación y viven parasitariamente en los reinos inferiores de la naturaleza.
No obstante, nada escapa a la transformación, y dentro del Universo todo se adecua al
aprovechamiento general de la vida.
La ignorancia entorpecida es despertada y aguijoneada por la ignorancia activa.
La bondad incipiente es estimulada por la bondad desarrollada.
El periespíritu, en cuanto a la forma somática, obedece a las leyes de la gravedad en el
plano al que se adapta.
Nuestros impulsos, emociones, pasiones y virtudes se manifiestan en él con fidelidad.
Por eso mismo, durante siglos y siglos habremos de permanecer en las esferas de la
lucha carnal o en sus fronteras, mientras purificamos y embellecemos nuestra
indumentaria,
a fin de preparar según la enseñanza de Jesús, nuestro traje de bodas para
el banquete del servicio divino.

Astronomy Picture of the Day