domingo, 14 de noviembre de 2010

Diferentes Planos de Existencia.

“… en verdad os digo que el que no recibiere el Reino de Dios como niño, no entrará en él “
Mateo ( cap. X, vs. 13 a 16 ).


Hasta hace un tiempo, teníamos la idea de que el Cosmos era algo casi estático, hermosamente dibujado en los cielos. Ahora sabemos que no solo es dinámico, Sino que se expande continuamente, de manera que, cada vez será más inmenso. En este Cosmos misterioso hay diferentes planos de existencia que responden a diversas a diversas frecuencias; cohabitan sin interponerse. Están todos ordenados armónicamente por la Mente Divina y responden a la ley de las jerarquías celestiales. Es decir, existen diferentes maneras de vida en diferentes planos de existencia, sin que interfieran unos con otros. Así vemos que estamos nosotros, los seres humanos, los seres de los diferentes reinos: animal, vegetal y mineral, los seres angélicos, los perturbados, los que consideramos “muertos” y una gama infinita de seres que coexisten con nosotros en tiempo y espacio. Estamos todos en diferentes ondas de vibración y, por eso, no nos encontramos continuamente con ellos. El encuentro es posible sólo cuando cambiamos nuestra frecuencia y nos sintonizamos con los otros. Fuera de este hecho, podemos pasar toda una vida sin siquiera enterarnos de que estos seres existen. Creo que son medidas muy sabias para no entrar en contacto con fuerzas que no conocemos y que podrían confundirnos. El encuentro es permitido, desde el Mundo Espiritual, únicamente cunado las dos partes están preparadas para este trascendental acto.
Resumiendo, existen en el Cosmos, variados y complicados planos de vibraciones donde habitan diferentes seres pertenecientes a distintas categorías de vida que se conectan entre sí.
La idea del Cosmos es un concepto tan amplio y difícil que nos cuesta entender su significado, desde el punto de vista humano. Diríamos que es demasiado inmenso para que nuestras mentes puedan captar su mágico significado.
La ciencia moderna – sobre todo la física cuántica- nos demuestra que el Cosmos es diferente a aquel que teníamos en nuestros archivos mentales, hasta hace pocos años. Cada vez sabemos un poco más del misterioso mundo en el cual vivimos y cada día nos asombramos más de la infinita gama de vibraciones en la cual estaos inmersos, sin darnos cuenta o descorrer el velo de Isis y a descubrir los misterios de la Creación, que continúa sin cesar en la expansión de la vida divina.
Nuestros conceptos acerca de la existencia cósmica se modifican diariamente, en especial en lo ue se relaciona a tiempo y espacio como nueva unidad de entendimiento y existencia. Una manera nueva de ver la realidad que nos envuelve.
La ciencia nos demuestra cómo los postulados de los más antiguos místicos orientales, según los cuales el hombre se integra con el Universo y con otros seres, fuera de lo que consideramos la realidad, es un hecho cotidiano y natural. La ciencia viene a probar que la realidad mística del hombre es un hecho real.
En la teoría de la relatividad no existe un tiempo absoluto único, sino que cada individuo posee su propia medida personal del tiempo, medida que depende de dónde está y de cómo se mueve.
El espacio y el tiempo no sólo afectan sino que también son afectados por todo aquello que sucede en el Universo. Una prueba más de la necesidad de interconectarnos con todos los planos de existencia.
La teoría cuántica introdujo el concepto de participación y vino a incluir la necesidad de la conciencia humana en la descripción del Universo. Esta moderna teoría ve el Universo como una gigantesca tela de araña de relaciones físicas y mentales interconectadas, cuyas partes solamente pueden ser definidas a través de las vinculaciones con el todo.
Por ser tan complicado y difícil de conocer para nuestras limitadas mentes humanas, la idea de una Universo con curvas y tiempos combinados, además de infinidad de vibraciones que corresponden a diferentes niveles de existencia, en este pequeño libro, nos vamos a dedicar exclusivamente a los niveles de existencia del planeta Tierra y las energías que tiene que ver con él y sus habitantes. Creo que ya esto alcanza para ejercitar nuestras mentes y nuestros corazones.
En tal enorme gama de planos de existencia o niveles de vibración, sabemos que la Tierra es un planeta de transición y se encuentra, por lo tanto, en el medio de una escala evolutiva de mundos cósmicos, tanto físicos como espirituales.
Existen infinitos mundos, algunos muy evolucionados respecto del nivel de la Tierra y otros, aún mucho más atrasados que nuestro planeta.
Los llamados planetas superiores son “lugares” (por denominarlos de alguna manera) donde el hombre ha alcanzado niveles de vida espiritual muy evolucionados, a punto tal que se los considera semejantes a los ángeles. Son almas que están en una vibración superior a la conciencia en este planeta. Alcanzaron un nivel de superación espiritual muy alto y viven de acuerdo con este patrón energético.
Pueden, por ejemplo, deslizarse sin necesidad de cuerpo físico, por lo menos como lo conocemos aquí, pueden entenderse sin usar la palabra hablada –ya que sus mentes son sumamente evolucionadas y comprenden el lenguaje de las ondas psíquicas-; son capaces de entender el amor como base de todo conocimiento y hacer de sus vidas un eterno acto de servicio al prójimo, a sí mismos y a Dios.


Además, todo tipo de poder psíquico, de los que llamamos paranormales, es para ellos algo totalmente natural y forma parte de su propia identidad.
La magia como elemento transformador y regenerador es usada con naturalidad y sin secretos, con fines de curación, superación y elevación.
Son seres que vibran en ondas muy cercanas a las esferas celestiales, donde habitan los ángeles y guías espirituales. Diríamos que están en planos más altos o superiores de vibración, con frecuencias leves, sutiles y armónicas.
Dentro de estos mundos superiores, encontramos una enorme variedad de planos existenciales. Hay mundos de seres muy elevados, que tienen diferentes características. Se distinguen por las actitudes y aptitudes que desarrollan en cada uno de ellos.
Suponemos que todos son necesarios para legar a la evolución final, o sea, el encuentro del alma con el Dios Creador.
Como dijimos que la Tierra es un planeta de transición, además de estos planetas superiores-de los cuales hay una infinidad de niveles con características propias-existen, naturalmente, otros por debajo del nuestro. Son los llamados planetas inferiores o primitivos. La Tierra fue alguna vez un planeta primitivo, como estos a los que nos referimos. Ahora se encuentra en un término medio, entre los mundos superiores y los inferiores, siguiendo su camino evolutivo. Estamos luchando por elevar el tenor de vibración de nuestro mundo, pero esto no será posible hasta que desterremos de aquí los sentimientos negativos del odio, la intolerancia, el egoísmo, la avaricia, el poder y el abuso del dinero. De cualquier manera, debemos seguir luchando para elevar la vibración del planeta Tierra porque es nuestra casa cósmica y le debemos una depuración. Tal vez, algún día lleguemos a construir ese mundo mejor que tanto deseamos. Necesitaremos mucho coraje y fuerza de voluntad.
Para comprender a los mundos espiritualmente primitivos-situados por debajo de la Tierra- basta pensar en las primeras épocas del planeta, cuando los llamados hombres caminaban en cuatro patas y eran parecidos a los simios, previamente a que se pararan en dos patas y empezaran a pensar, antes de que la llama divina los despertara de su animalidad, como explicó Teilhard de Chardin. Estos hombres de los primeros tiempos no tenían sentimientos, no podían o no sabían ni llorar ni reír. Recordemos que tanto la risa como el llanto, son síntomas de evolución mental y emocional. Los animales no pueden llorar ni reir. No conocían el afecto ni el pensamiento elaborado. No reconocían a sus parejas como tales, siendo el acoplamiento un simple acto animal e instintivo. Todo atisbo de sentimiento o emoción era ignorado por ellos. En realidad, no tenían la capacidad de sentir y ese era el problema principal.



Vivían en cuevas y se alimentaban con raíces y plantas. Era impensable la idea de hogar, de familia y de grupo, No conocían el fuego ni comían carne. No podían organizarse porque no eran organizados interiormente.
Su cerebro y su corazón no estaban preparados, todavía, para el conocimientos del amor, el perdón y el desapego. No habían empezado el camino del movimiento espiritual interior.
Tenían miedo del medio ambiente y de los otros hombres. La naturaleza, con todo su esplendor, los atemorizaba y cualquier hecho fuera de lo normal era considerado peligroso y mágico, o sea, fuera de su área de conocimiento. Tampoco conocían el lenguaje. Sólo se comunicaban con gestos o gritos guturales. La formación de frases es un síntoma de evolución mental. Recordemos que los seres discapacitados mentales no pueden organizar sus pensamientos en frases. El acto de traducir un pensamiento en palabras representa todo un proceso de abstracción muy complejo, que requiere madurez previa. Su cerebro no tenía aún la capacidad necesaria para hacerlo.
Así son los planetas de vibraciones inferiores donde el ser humano todavía no alcanzó un grado mínimo de espiritualidad y no sabe o no puede reconocerse como Hijo de Dios. Son lugares donde el hombre está aún muy animalizado, carente de afecto, de lenguaje propio, de organización social y mental. Estamos en los primeros pasos de la evolución humana, como la conocemos hoy.
Visualizamos así, un mundo cósmico lleno de vibraciones diferentes que corresponden a diferentes estados de existencia; todos coexistentes en tiempo y espacio. Unos son superiores al hombre actual. En ellos, moran seres elevados, como ser ángeles, arcángeles, mentores, guías espirituales, espíritus curadores, arquitectos del cosmos, organizadores del planeta y del Universo, guardianes de los templos sagrados, protectores de los humanos ( encarnados y desencarnados) y custodios de los bienes del alma.
Otros niveles de existencia son inferiores al hombre y están poblados por espíritus perturbados, de poca luz, sufrientes, incapaces de amar y dedicados a intentar destruir la obra del Creador. Son seres muy infelices que pretenden extender su infelicidad a otros seres. Son almas perdidas en la oscuridad que ocasiona la ignorancia de las leyes divinas. Almas que cultivan el mal por desconocer el bien; las figuras amedrentadoras del “Infierno del Dante” o del “Fausto” de Goethe.
De todos estos diferentes y variados niveles de existencia que cohabitan, en tiempo y espacio, con nosotros, hemos oído hablar mucho. Especialmente de los ángeles, en los últimos tiempos. Se trata de maravillosos seres espirituales que están en continuo contacto con otros ángeles pequeñitos que trabajan sin cesar para mantener vivo el planeta y todo lo existente en él: los Elementales.

En el otro capítulo, vamos a hablar más acerca de ellos, pero quiero decir solo unas palabras.
Estos seres vibran en una frecuencia muy cercan a la Tierra, se ocupan básicamente de cuidar y proteger la vida dentro de los cuatro elementos del planeta-tierra, agua, aire y fuego- y coexisten con nosotros, en otro plano de vibraciones.
A cada uno de estos elementos le corresponden seres bien definidos, de los cuales tenemos un vago recuerdo en nuestras mentes, allá en nuestra infancia. Son los gnomos, duendes, hadas, sirenas, ondinas, nereidas, infas, salamandras, silfos, elfos, etc.
Cuando pensamos en ángeles se nos viene a la mente un sin fin de imágenes de estos seres elevados, pero cuando pensamos en los Elementales, nos queda un vacío que sólo puede ser cubierto por algunos perdidos recuerdos de cuentos infantiles, escuchados hace muchos años, allá en nuestra lejana niñez.
Los Elementales, al igual que los Angeles, habitan un plano existencial o vibracional, diferente pero real, coexistente con el nuestro.
Así como nos podemos conectar con los Angeles mediante oraciones o mentalizaciones, también lo podemos hacer con estos seres casi olvidados y que están presentes en nuestras vidas, diariamente.
Es de estos seres angelicales básicos, los Elementales, de quienes quiero hablarles en este pequeño libro.
La mente moderna, acostumbrada a pensar en cosas prácticas y concretas, parece ahora sorprendida ante la idea de tengan existenciasreal estos seres de los cuentos de hadas.
Nuestros antiguos conceptos sobre el mundo y la vida están cambiando permanentemente, gracias a posdescubrimientos de la ciencia, que cada día se acercan más a los conocimientos místicos y esotéricos de los grandes iniciados de la antigüedad. Conceptos y conocimientos que están cada vez más vigentes en nuestras vidas.
Veamos por ejemplo el concepto de tiempo y espacio.
Estas ideas nos sirven tan sólo para ubicarnos en nuestra vida cotidiana, porque desde la realidad científica dichos conceptos dependen, únicamente, de estados particulares de conciencia.
En otras palabras, no significan nada si no están conectados con un momento especial de nuestras vidas. Un hecho ocurrido en un tiempo determinado, en momento determinado y por un observador determinado.
Cambiamos nuestro concepto de tiempo y espacio, pero tambien lo hacemos con el de “realidad”, ya que cada día que pasa nos cuesta más entender su significado, debido a la enorme cantidad de posibilidades que nos ofrece.


El mundo es un continuo movimiento, un ir y un venir, en cambios permanentes.
William James rescató el antiguo concepto de que todo cambia y se transforma incesantemente y que, por ejemplo, “jamás nos podríamos bañar dos veces en el mismo río”, porque las aguas serían otras, la corriente estaría modificada y nosotros mismos, también lo estaríamos.
Todo es un movimiento de continua transformación y renovación, en el Cosmos maravilloso. Estamos hablando del Cosmos exterior que nos asombra con su grandeza y del Cosmos interior, la caja de Pandora de nuestro propio ser. Como decía el tres veces grande Hermes Trimegistro, “como es arriba, es abajo”. O sea, dentro de nosotros tenemos el “doble” del Universo que nos maravilla por fuera. Hay un Cosmos exterior y otro interior, y cada uno de ellos es una de las caras de una misma moneda.
Este es otro arcano del conocimiento del hombre.
Todos los conceptos que utilizamos para describir la Naturaleza, por ejemplo, son creaciones de la mente o parte de Todo, pero no simbolizan la verdadera idea de ella.
Somos seres limitados, con conceptos limitados, inmersos en un Cosmos en continuo movimiento, interconectados con todos los seres existentes y cuya realidad nos es muy difícil de entender y tal vez de aceptar, desde un punto de vista lógico y racional.
Si no existe el observador, no existe fenómeno a ser observado. Resultado: emitimos en tanto existen otros, todos perfectamente conectados entre sí, en un momento determinado y en un tiempo determinado.
Los físicos nucleares descubrieron que la realidad atómica y subatómica trasciende los límites de la lógica clásica y que el lenguaje común es totalmente inadecuado para describir esas realidades. Ni la imaginación ni el lenguaje actual están preparados para tratar estas nuevas realidades.
Debemos crear nuevos procesos mentales a fin de obtener un “destello” de estos hechos reales.
Con la derrota de la lógica clásica como instrumento de investigación de las realidades de la “materia” y de la mente, sólo nos quedan otras opciones para abordar estos temas: el pensamiento intuitivo y el desarrollo de las funciones mediúnicas o paranormales.
Así, para poder conectarnos con seres de otras dimensiones de la vida, sólo nos queda la mente intuitiva y el deseo ferviente de conocer otros tipos de existencias.
Por otro lado, la ciencia modera nos explica que, a toda partícula de materia le corresponde otra de antimateria, variando solamente la intensidad de ella; que el tiempo no es una entidad aislada, que el espacio no es tridimensional, que todo se transforma continuamente.
Tanto es así, que los átomos de sustancias radioactivas, por ejemplo, no sólo emiten diferentes tipos de radiación sino que se transforman en átomos de sustancias enteramente diversas.
Los átomos, en vez de ser sólidos e indestructibles, como se creía antes, son considerados vastas regiones de espacio en las cuales se mueven partículas muy pequeñas. Las unidades subatómicas de la materia son entidades abstractas y dotadas de un aspecto dual, como todo lo creado. El hecho de que puedan aparecer como ondas y partículas al mismo tiempo, es un concepto muy complejo.
De ahí que, en la física cuántica, se afirma lo siguiente: en el nivel subatómico, no se puede decir con seguridad que la materia exista en lugares definidos. Unicamente puede sostenerse que “se presentan tendencias a ocurrir”. Esto quiere decir que todo es tan sólo una enorme gama de “posibilidades de existencias”.
Estas partículas subatómicas no poseen signifcado como entidades aisladas, sino que son comprendidas como interconexiones entre la preparación de un experimento y su posterior medición.
Aquí llagamos a una complicadísima red de interconexiones que incluyen, por supuesto, al observador.
Sin observador y sin estas interconexiones entre todo lo creado no puede darse ni siquiera el concepto de “existencia”
Seguimos viendo, con estos razonamientos, cómo todo lo existente es necesario para que exista el otro, cómo nada existe aislado del contexto (ni siquiera una partícula subatómica), cómo los hilos energéticos unen todo lo creado-seres conocidos o desconocidos-cómo nunca nos bañamos dos veces en el mismo río, cómo el espacio es un lleno, y el vacío, una serie de posibilidades. Sabemos que la totalidad de los elementos son necesarios para completar el plan de existencia. Todos interconectados e inerligados formamos la red de la existencia múltiple o la realización de Universo, en los diferentes planos vibracionales que forman el Todo.
En realidad, lo que quiero decir es que existen en el Universo infinitos mundos de infinitos niveles espirituales de vida, que a su vez tiene infinitos niveles dentro de cada uno.
El Cosmos se nos presenta entonces como una enorme madejade hilos interconectados, cada uno perteneciente a un mundo o un nivel dentro de ese mundo existencial.
Si cada hilo debe estar conectado a los otros, al igual que nosotros lo estamos con ellos, es porque es muy necesario para el desenvolvimiento de la Creación el estar juntos, unidos o conectados, en un mismo tiempo y lugar.
Con respecto a la coexistencia de los planos de vida y sus habitantes sólo resta repetir el muy reiterado ejemplo de las diferentes estaciones de radio. Si no sintonizo una estación determinada, no la podré escuchar, pero eso no impide que en este momento circulen a mi alrededor millones de ondas de radio y televisión que no escucho, porque no conecté el aparto adecuado, en el momento preciso. El hecho de que yo no me contacte con el nivel de frecuencia adecuado para escuchar, no significa que la frecuencia no exista. Obvio, ¿no?
Así queda claro que no sólo hay diferentes mundos físicos y espirituales que coexisten con nosotros, sino diferentes planos de vida que también cohabitan con nosotros en tiempo espacio.
Volviendo entonces al comienzo de este capítulo, vemos que todos los diferentes niveles de existencia-ya sean superiores, iguales o inferiores a nosotros- están y todos nosotros: ángeles, elementales,” muertos”, vivos animales y extraterrestres, interrelacionados mediante hilos de conectores que son, simplemente, nuestros pensamientos activos.
Sí, a través de la mente y del corazón, podemos vincularnos con los ángeles y con los otros seres, también lo podemos hacer con los elementos de la creación: los Elementales.
Así, aceptando la existencia de diferentes frecuencias de vida en la que vibran seres del mundo espiritual, de otros mundos propias vibraciones, las de las plantas, piedras, animales, aguas, ríos, mares, mesas, sillas, lápices, pájaros, etc., podemos intentar conocer estas formas de vida, diferentes a las nuestras sólo en apariencia.
Si perdemos un poco el valor del “yo”, si intentamos la humildad y nos empezamos a ver como pequeñísimas partículas de un gigantesco Cosmos, veremos cómo realmente somos importantes, ya que todo existe en un momento dado y en un lugar determinado, por alguna razón que nos hace compartir la vida.
Todo cuanto existe ahora, no existiría si yo no estuviera aquí. Soy importante en este minuto, porque formo parte de la realidad existencial. En otras palabras, “no nos podemos bañar dos veces en el mismo río”.
Compartimos un minuto de existencia con otros seres, encarnados desencarnados, animales, minerales y vegetales, porque todos somos necesarios para la experiencia actual de la vida, en este momento, en este lugar, con estas personas. La enseñanza que la vida nos ofrece es infinita. Depende de nosotros saberla aprovechar para poder crecer, cada día, un poco más. Esta idea nos hace ver el mundo con otros ojos y, si tomamos conciencia de que todo cuanto nos rodea nos puede enseñar algo, y que por alguna razón nos encontramos con ciertas personas, libros, grupos, situaciones especiales, empezaremos a transitar el camino de la sabiduría o el Tao, de los Iniciados. Entender que todos somos necesarios es el principio del amor universal.
Ser parte del Todo y aceptar que el Todo es parte de mí es l primera regla para que intentemos entrar en el mundo de los diferentes niveles de existencia, dentro de los cuales nos vamos a ocupar de los ELEMENTALES, como ángeles de la naturaleza, copartícipes de la Creación y de nuestras vidas, en este momento, en este lugar, en el planeta Tierra.
Los Elementales o ángeles de la naturaleza del planeta Tierra son seres que habitan uno de estos planos de existencia, de los cuales hablamos antes.
Ellos tienen la función específica de mantener vivos todos los componentes de su propio elemento. Son los guardianes cósmicos de la vida sobre el planeta. Su función es de suma importancia, ya que sin su existencia no sería posible la vida, por lo menos, así como la conocemos.
Los Elementales coexisten con nosotros al igual que los ángeles, variando solamente la frecuencia en que viven. De nosotros depende intentar el contacto con su onda de existencia.
Procuremos entrar en su mundo, con la humildad de los sabios y la inocencia de los niños, para conocer a estos seres que nos acompañan en esta experiencia que llamamos “vida”.
Como dijo “Jesús: en verdad os digo que el que o recibiere el Reino de Dios como niño, no entrará en él”.
Mateo (Cap.X, vs.13 a 16)

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